Las vacaciones traen encuentros, desplazamientos y horarios diferentes. Para un niño pequeño, esos cambios pueden resultar atractivos y también exigir un esfuerzo de adaptación. Mantener algunas referencias conocidas permite disfrutar de la flexibilidad sin que todos los momentos del día cambien a la vez. No hace falta reproducir exactamente el horario de la escuela.
Elegir unas pocas referencias estables
Una secuencia conocida al comenzar el día, un cuento compartido o el momento de preparar las cosas para salir pueden servir de apoyo. Las rutinas son especialmente comprensibles cuando se repiten con gestos y palabras parecidos. Es preferible escoger unas pocas que la familia pueda sostener que intentar cumplir un programa demasiado exigente.
Anticipar los cambios con lenguaje sencillo
Explicar qué va a ocurrir justo antes de hacerlo ayuda a dar sentido a la jornada: «ahora iremos a ver a los abuelos» o «después volveremos a casa». Para los más pequeños, las referencias cercanas suelen ser más útiles que hablar de fechas lejanas. Mostrar una mochila o un abrigo también puede ayudar a anticipar una salida.

Espacio de juego simbólico en el aula de Risitas. Fotografía de la biblioteca de Risitas.
Dejar espacio para el juego tranquilo
Entre reuniones o planes, conviene reservar momentos sin una actividad dirigida. Reencontrarse con juguetes conocidos, mirar un libro o jugar junto a una persona de referencia ofrece continuidad. No es necesario llenar todos los días de propuestas especiales: la presencia y la disponibilidad de los adultos forman parte de la experiencia.
Preparar el regreso a la escuela
Antes de volver, podéis recuperar poco a poco las secuencias habituales y hablar del aula y de las educadoras con naturalidad. Compartir con la escuela los cambios relevantes de esos días facilita el acompañamiento. Consulta el calendario de Risitas y confirma con el centro los días concretos de apertura.


