Una planta no cambia al ritmo de una actividad de aula. Necesita tiempo, y por eso el huerto ofrece una ocasión para volver a mirar lo que ayer parecía igual. En la primera infancia, la relación con la naturaleza puede comenzar con observaciones sencillas, preguntas compartidas y experiencias ajustadas a la edad.

Mirar antes de explicar

Observar una hoja, reconocer un olor o descubrir que una planta ha crecido permite iniciar una conversación. La persona adulta puede poner palabras a lo que llama la atención sin ofrecer todas las respuestas de inmediato. Las preguntas de los niños, incluidas las que expresan con gestos, ayudan a orientar el encuentro.

Pequeñas tareas con acompañamiento

Según la edad y la organización del espacio, los niños pueden participar en acciones sencillas junto a un adulto. Los materiales y las herramientas deben ser apropiados para su uso y la supervisión debe mantenerse durante toda la propuesta. La higiene y el cuidado del entorno forman parte de la preparación de la actividad.

Bancales y plantas del huerto escolar

Bancales y plantas del huerto escolar. Fotografía de la biblioteca de Risitas.

Aprender a esperar y volver

Regresar a un mismo lugar permite comparar lo que se recuerda con lo que se ve ahora. Fotografías o conversaciones breves pueden ayudar a recuperar esas observaciones. No se trata de pedir nombres de plantas ni resultados idénticos, sino de mantener abierta la curiosidad y prestar atención a los cambios.

Las visitas al huerto desde Risitas

Con los grupos de 2 a 3 años visitamos el huerto escolar municipal, situado a unos 200 metros de la escuela. Esta propuesta se integra en la organización educativa del centro. Puedes conocerla junto con nuestros espacios de juego en la página de patio, gimnasio y huerto.

Tres ideas para llevar a casa

  • Volver a mirar las plantas para reconocer cambios.
  • Acompañar las pequeñas tareas y cuidar la higiene.
  • Dejar que la curiosidad marque parte de la conversación.

¡Comparta esta historia, elija su plataforma!