Compartir un cuento en la primera infancia no requiere que el niño permanezca quieto hasta la última página. Puede mirar una ilustración, señalar, pasar hojas o volver una y otra vez a la misma escena. La lectura compartida es, ante todo, un momento de relación alrededor de las imágenes, las palabras y la voz de una persona cercana.
Elegir libros que inviten a participar
Los libros con imágenes claras, formatos adecuados al uso infantil y escenas reconocibles ofrecen puntos de encuentro. Las historias breves y las repeticiones permiten anticipar palabras o gestos. No hay una única selección válida: observar qué mira o qué pide repetir cada niño ayuda a ajustar la elección.
Seguir el interés sin exigir terminar
Podemos detenernos en una imagen, nombrar lo que señala o volver hacia atrás. A veces la lectura durará pocos minutos y otras se alargará. Terminar el libro no es el objetivo principal. Dar cabida a la iniciativa infantil permite que el encuentro conserve su sentido y no se convierta en una obligación.

Juego compartido en un rincón de cocina del aula. Fotografía de la biblioteca de Risitas.
Poner palabras y dejar pausas
Además de leer el texto, es posible comentar una acción o relacionar una imagen con algo cotidiano. Las pausas dan espacio a miradas, sonidos, gestos y palabras. Conviene evitar una cadena de preguntas para comprobar lo que sabe; conversar sobre lo que está mirando suele resultar más natural.
Crear un pequeño ritual familiar
Elegir un lugar cómodo y tener unos pocos libros disponibles puede facilitar que el momento se repita. No hace falta estrenar cuentos continuamente: volver a uno conocido permite descubrir detalles distintos. En nuestro proyecto educativo puedes conocer cómo entendemos el acompañamiento del aprendizaje y la participación de los niños.


