Después de unos días de vacaciones, volver a la escuela puede implicar un nuevo ajuste. Aunque el aula y las educadoras sean conocidas, cada niño vive el reencuentro de una manera diferente. Acoger esa respuesta sin exigir una adaptación inmediata permite acompañar el regreso con más calma y con expectativas ajustadas.
Recuperar las secuencias cotidianas
Preparar la mochila, recordar quién acompañará la entrada y reconocer el camino al centro son pequeñas referencias. Podemos hablar del regreso con frases sencillas, sin prometer que todo será fácil ni anticipar dificultades. Lo útil es transmitir que los adultos conocen el plan y estarán disponibles para acompañarlo.
Una despedida breve y reconocible
Una secuencia estable de despedida puede ayudar: un saludo, unas palabras y la entrega a la educadora. Conviene despedirse de forma explícita, en lugar de marcharse sin que el niño lo perciba. La duración y los detalles se acuerdan con el equipo del aula según las necesidades que se observen.

Aula de Risitas con rincones y materiales de juego. Fotografía de la biblioteca de Risitas.
Compartir información que ayude a comprender
Si durante las vacaciones ha habido cambios importantes, comunicarlo al centro permite entender mejor la jornada. No se trata de revisar cada detalle, sino de compartir lo que pueda influir en cómo se encuentra el niño. Preguntar cómo ha transcurrido el día ayuda también a distinguir el momento de la despedida del conjunto de la experiencia escolar.
Mantener la colaboración durante los primeros días
Al salir de la escuela, un tiempo de encuentro sin prisas permite recuperar el contacto familiar. Si aparecen dificultades persistentes, familia y educadora pueden revisarlas juntas y acordar el acompañamiento. En Risitas contamos con distintos canales de comunicación, recogidos en la página de relación con las familias.


